Soledad Alcon




Esposa Frieiro de Nimes, Resistente

Recibí la orden de evacuar a los heridos de las Brigadas Internacionales, de pueblo en pueblo, hasta la Junquera.

Allí nos esperaban los "amables" gendarmes y guardias móviles. "Allez! Allez! Hop!" Nos trataban como a borregos.

No queriendo perder el documento de trabajadora industrial, escribí a la fábrica de Nevers para mi reincorporación. A los quince días obtuve la autorización de las propias autoridades alemanas de ocupación para reintegrarme a mi puesto. Era material de guerra lo que allí se fabricaba. Allí ya me puse en contacto con un grupo de camaradas que tenían organizados los grupos de sabotaje. Era durante el 41, como obrera calificada.

Para la conmemoración del 11 de noviembre, fecha del armisticio de la Guerra 14-18, tan sagrada para los franceses, los camaradas decidimos que debiamos celebrarla con una serie de sabotajes en la fábrica. Teníamos que paralizar el motor. Pero entonces dije: "¿Es que podemos confiar en el encargado? Nadie lo conoce, no habla con nadie. ¿Me dais vuestra confíanza?" "Pues, sí" "Entonces no sólo se parará el motor, sino el torno y será todo el taller pero sin tocar el motor". Hice una serie de 3000 piezas de la hélice de los aviones Stuckas. Yo hacía los ejes del motor. Me olía que las materias primas venían de Alemania y Francia; las doradas eran francesas, y las grises, alemanas. Estas eran más resistentes. Me di cuenta de que no había que poner la misma resistencia en las dos, pero que el error inicial venía ya del control alemán y yo seguía poniendo la misma resistencia en los duro?aluminios. Viene un control, un encargado francés pro?nazi, y yo venga a hacer gestos de descontento, como si me preocupara mucho de aquel error. "Usted no se da cuenta. Acabo de hacer tres mil piezas y son para tirarlas. ¿Quién controla esto?". El tío fue corriendo a dar parte, pero mi sabotaje quedó completamente disimulado. Así me gané, además, la confianza de la dirección. Después ya comencé por la comedia del torno. El "moyana" tiene tres dientes y daba mil vueltas al segundo; se gastaban muy rapidamente. Allí tenía un jefe de equipo formidable. Habría que contar todo lo que pudimos realizar en complicidad. Se llamaba Mr. Cailloux. Las piezas estaban defectuosas porque yo no cerraba bien el torno. Un buen día dejé flojo el torno y el "moyeux", y como si nada; dejo que la pieza se haga sola y me pongo al lado de otra obrera, en otro motor, como para pedirle algo y entonces se produjo un estampido; si me pilla allí me mata, lo mismo que a la otra, a la que, bajo pretexto de enseñarle una pieza que, según yo, estaba mal hecha, al retirarla del motor, la salvé también. A pesar del ruido de los tornos y de los mil obreros que allí trabajaban, se oyó el estruendo del motor que hice estallar.

Todo quedó paralizado por el pánico. Los obreros parando sus máquinas; los contramaestres e ingenieros precipitándose. "¿Qué pasa qué pasa?".- "¿Qué pasa? Pués que si yo no voy a dar un consejo a esta compañera, ahora ya estaría camino del cementerio, y hace quince días que me quejo del defectuoso funcionamiento de las máquinas". Era cierto que me quejaba, pero ellos no encontraban nada. La que aprovechó las constantes quejas injustificadas fui yo, pues tomé como pretexto un defecto inexistente y que yo provoqué. Se había doblado todo el torno; el banco permaneció dos meses inutilizado. ¿Ves, camarada Vidal? Ahí tienes tu once de noviembre.

Se detiene al camarada Vidal. Trabajaba en otro taller. Vinieron a avi sarme inmediatamente. "Ojo, Sole, han detenido a Vidal". Era catalán; Fernández era valenciano, como yo, un hombre de cierta edad, y tenía que alertarle a él, a todos los grupos de sabotaje que estaban dentro de la fábrica y a los del otro turno.

Empiezo a hacerme la enferma, como si me dolieran las tripas; había parado el torno, me contorsionaba de dolores. El jefe, creyendo que era a causa de los transtornos menstruales, hace que me den un vale de salida.

Fui a avisar a Rosita, que vivía con Vidal. Ya estaba avisada por una francesa. "Esconde todo lo que tengáis donde puedas".

Yo me fui a esperar a los del turno siguiente. Entonces, el primero que pasó me dio todos los nombres y direcciones para avisar.

Nombrada agente de Enlace Interregional, tenía a mi cargo la región Centro Sur. Subía a París a recibir directrices que transmitía a Blois (Loir et Cher), Orléans (Loiret), Tours (Indre et Loir), Vierzon (Cher), Nevers (Nievre), Dijon (Côte d'Or), Toller Flogny. Habia un matrimonio gallego en este pueblecito, que eran maravillosos conmigo. Los sitios que más miedo me daban eran Dijon y Flogny. Y es que tenía que tomar el tren a las tres de la madrugada, y el toque de queda empezaba a las diez de la noche; tenía que estar unas cuantas horas en la sala de espera de la estación. Pero la sala de espera era nuestro terror; era mortal pues era ahí donde más camaradas caían. Yo debe decir que en esa sala de espera sentía un miedo terrible; cinco horas de angustia. Cuantos controles; allí podias caer como el pez en la red. Podía haberme puesto a correr por la carretera general pasando por Tornesse, pero aquella carretera estaba siempre infestada de alemanes; era aún peor. Aunque el camino mucho más corto.

Para llegar a Flogny tenía que hacer 18 Km. por una departamental, pero sin alemanes. Ese trayecto lo recorría en menos de dos horas y media. Hoy, cuando pienso en los medios que empleaba como autodefensa, me río. Al llegar de Dijon tenía que esperar otra hora antes de poder circular. A las cinco de la mañana, saliendo de la estación al tomar la departamental, había unos montones de piedra. Cogía tres o cuatro piedras, me las ponía en los bolsillos, y otra la llevaba en la mano, por si se producía un ataque imprevisto. Bien me habría defendido con las piedras frente a las pistolas...

Al llegar a Orléans aquel mismo día había habido "razzia", donde cayeron veintiún camaradas españoles. Dejo mi maleta en consigna. Fui a buscarla. Estos veintiún camaradas habían sido vendidos por un español al que conociamos por "el Barbero". Nunca se pudo comprobar, pero se deducía, que por donde pasaba ese tío había detenciones. En un momento dado desapareció y yo te aseguro que lo hemos buscado después de la liberación...

Me fui a una serrería a 14 km. de Orléans, que es donde confeccionábamos todo el material de propaganda.

He conocido a la esposa de Ortega; no sé su nombre, pero sí que hacía la Resistencia. Los dos eran mutilados; les faltaba un brazo a cada uno. Eran asturianos.

¡Cuantos kilómetros he hecho a pie! Durante el día , con el ruido de la serrería, picaba el cliché, y por la noche lo pasábamos en ciclostil, y de allí a repartirlo; a veces tenía que esperar cuatro o seis días para circular.

En otra ocasión, llego a Tours y me dieron unas quinientas cartillas de racionamiento que los resistentes españoles y franceses habían sacado de la Alcaldía. Había que mantener a los cientos y cientos de clandestinos. También dábamos a familias numerosas, de la Resistencia o no, era igual. Montalbo me da en Tours esas cartillas y, en llegando a Nevers, a la salida, me veo a la bofia, "Ya está", me dije. Un tipo me dice: "Abra esa maleta", Le dije: "Mire, si usted tiene algo, me hará un gran favor, por que he perdido la llave y con la uña no puedo abrirla".- "Bueno, ¿Y una persona joven como usted no tiene miedo de viajar sola? Es que dentro de muy pocas horas ya no estaré sola .... .. A la pícara le espera su amigo, ¿Hace mucho tiempo que no le ve?".?Pues seis meses; ya estoy impaciente".- "Váyase, váyase. Hala y diviértase". Llevaba dinero, ins trucciones, cartillas de racionamiento. Si me abren la maleta...

Al salir, el que tenía que hacerse cargo de lo que llevaba me dice que no puede hacer nada; que la policía había hecho un registro, que me largue, que me arregle como pueda; han detenido a dos camaradas. "Vete, vete", y me planta. Me fui a casa de una familia española que me servía para descansar. Me puse todos los papeles en la faja y al día siguiente tenía que llevarlos a París.

Yo, cuando tomaba el tren, lo hacía donde había alemanes; los franceses no querían subir. Yo me decía:"El mejor escondite es el enemigo". Eso no quiere decir que mi corazón no se rompiera, porque entre Nevers y Dijon hacía como una vaguada entre dos montañas, y muchas veces los[ "maquis" atacaban los vagones de alemanes. En Dijon teníamos un equipol formidable. Algunos trabajaban como cocineros en los cuarteles alemanes. Tenían la cara dura de ponerles propaganda dentro de los floreros. Una vez, en cada plato habían colocado un pasquín.

Hoy te preguntas cómo es posible que hayas hecho cosas tan peligrosas con tanto miedo, pero con tanta determinación.

Así durante dos años de enlace "en tren, a pie y en bicicleta". Es que a los enlaces se nos utilizaba para todo. Un enlace no tenía más misión que transmitir órdenes y recibirlas para transmitirlas, pero, como hacía falta gente, pues transportábamos hasta armas.

No he participado en ningún combate, pero a veces me habría gustado esconderme en algunas de aquellas montañas donde nuestros guerrilleros recibían nuestro material y orientaciones.

Me fui de nuevo a Nevers. Un día vimos una columna de 2000 alemanes, que iba hacia Vierzon. Solo un grupo de 20 o 30 "maquisards" españoles y franceses les hicieron frente. Un francés y un español se plantaron en medio de la carretera con sus dos ametralladoras, y los demás, emboscados muy estratégicamente, empezaron un tiroteo tan intenso que los alemanes huyeron pensando que había cientos de combatientes emboscados. ¡Hay que decir que eran valientes los resistentes! Levantaron las manos; los desarmaron a los alemanes; se rindieron, les habían hecho entregar las armas y, cuando vieron el reducido número de combatientes que les había derrotado, se volvían locos.

En esto llegó la liberación y el nacimiento de mi hijo.

Me vine a vivir a Nimes enseguida y conocí la Chatilla y Pilar Vázquez, que habían participado en la batalla de la Madelaine.

Me cuidaron los amigos Parra, se portaron muy bien.

Se hicieron tan bien las cosas, que aun no tengo ningún papel de la Resistencia.


Si tuviera que contarlo todo... Dos años sin domicilio fijo, de escondite en escondite. La mayor parte del tiempo lo he pasado en los trenes y por caminos, más cargada que un burro. Pero no me arrepiento de nada. Fue mi venganza. No, fue la posibilidad de luchar por la Justicia y la Paz de mi Patria, tantos años pisoteada. Mi juventud fue tan rica, que ninguna fortuna del mundo le es comparable.

Regina Arrieta


Soy vasca, viví en San Salvador del Valle durante la guerra en Bilbao. Yo ya era miembro de las Juventudes Comunistas de San Salvador y miembro del Socorro Rojo Internacional, y más tarde ingresé en el Partido Comunista de España.

Yo siempre, desde muy niña, fui muy rebelde, las injusticias me volvían loca, me desesperaban.

Pasé a Francia cuando cayó Bilbao, escapando hacia Santander. En Francia me llevaron a Chamont, cerca de la frontera alemana, en el Alto Marne. Allí, junto con amigos franceses y españoles de la "emigración económica", trabajé para la ayuda a España, pues la guerra continuaba. Vencida la República, para todos los comunistas, para todos los antifranquistas, estaba claro que la II Guerra Mundial era inminente. En septiembre del 39 las tropas nazis invaden Francia.

Me fui a Paris a la "Caserne des Tourelles", boulevar Mortier. Era un cuartel desafectado, estaba lleno de refugiados españoles y de otros países. Aquello era una torre de Babel. En este cuartel, además, habían judios, que los alemanes empezaron pronto a llevarse a los Campos de la Muerte. Había un pabellón destinado a presos políticos, y otro que servía de pasa para los STO -Servicio de Trabajo Obligatorio en Alemania-. Desde principios de 1941, un grupo de comunistas españoles estábamos ya organizados. Entre ellos Salazar, el Vizcaíno, César, Secundina y otros muchos.

A pesar de la guerra y de tantas vicisitudes nos agrupábamos y conservábamos nuestra alegría de vivir. Teníamos una vida intensa, y a pesar de los peligros que se acercaban éramos felices porque teníamos un ideal muy arraigado y la fe intacta de nuestra juventud.

Desde el "refugio" establecimos el contacto entre el Partido y la Resistencia, con los camaradas españoles de París.

Fui nombrada agente de enlace y conectada con Yssy-les Moulineaux, con el camarada Caro. Su mujer era costurera. Yo, con la excusa de que iba a buscar costura, en la cesta de la ropa envolvía octavillas y partes que entraban y salían del "refugio". Un día llegué tarde, después del toque de queda. Me quitaron el documento de identidad de refugiada. Aquel día se había montado una guardia de gendarmes y alemanes permanente que vigilaban nuestras entradas y salidas.

Una mañana me llamó la policía para que le tradu.jera una carta en español que venía del pabellón de los presos políticos. Enseguida comprendí que se dirigía a un camarada. En aquella carta pedía ayuda, pero me di cuenta de que aquellas líneas contenían un mensaje. A los policías sólo les dije que pedía calcetines y otras menudencias. Retuve el nombre del que escribía, pero nadie de nuestra sala lo reconoció. Al día siguiente me devolvieron la documentación.

De allí tuvimos que salir, las cosas se ponían feas. Yo salí con mi hijo a vivir cerca de "Tourelles" a principios del 42. Las cosas empeoraban, cada día era más difícil actuar; a pesar de lo que se diga, al principio éramos pocos los que hacíamos la Resistencia. Fueron años durísimos, pero exaltantes. A mí me pareció que mi vida comenzó el día que pasé a formar parte de la Resistencia para luchar contra el ocupante nazi.

Los camaradas y mi esposo, Montero, salieron para la Bretaña y yo tuve que quedarme sola en París, sin medios y con mucho miedo. Me acordé de los camaradas franceses de la CGT, de Chamont, les expuse mi caso y a los pocos días recibí un giro con una cantidad que me sobró para llegar a Rennes. Como no tenía carta de trabajo, o volvía al "refugio" o aceptaba trabajar para los alemanes. De acuerdo con los camaradas, me puse a trabajar de servicio en una villa ocupada por los alemanes. Nosotros no teníamos yadio y mientras los alemanes desayunaban yo escuchaba la radio en las propias oficinas de la Kriegsmarina (Marina de guerra) y de la Gestapo. Allí también trabajaba Asunción Sánchez. Un día, uno de ellos, alto como una puerta, malo como un demonio, un tal Von Boéne, me ordenó que le limpiara el calzado, pero puesto, y me negué: bastante es que tenga que limpiarles las botas, pero no de rodillas. La cosa no tuvo consecuencias, porque para sus propios compañeros era desagradable.

Además tenía que hacer mi trabajo de enlace llevando todas las noticias que daba Radio Londres.
Me puse muy enferma, con hemorragias. En esas condiciones tuve que hacer un viaje a Nantes para llevar un paquete pesado. ¡Era un petardo! Llegué a casa de una familia española, mujeres y hombres, todos hacían la Resistencia. Allí se celebraba una reunión muy importante. Durante la noche hubo un bombardeo importante, todos se fueron al refugio, pero yo me quedé acostada. Al día siguiente enlazaba con un camarada para recoger un parte en una plaza.

Hospitalizada para la operación, se produjeron importantes detenciones. Operada de tres días, vino a verme el camarada Salazar para decirme que tenía que marcharse, y me dio un gran sobre para que lo escondiera bajo el colchón de mi cama. Yo, sin poder moverme y en peligro de que descubrieran los documentos. Hay que decir que para los graves probIemas, para las situaciones delicadas, los hombres de la Resistencia se apoyaban en el trabajo y determinación de las mujeres.

En mi casa se hacían reuniones, se confeccionaban octavillas. Tenía quy trabajar, criar a mi hijo, hacer la Resistencia. En el invierno del 43, ar, que llamamos "invierno de Stalingrado", los camaradas, para mi seguriF, dad, deciden cambiarme de aires. Pude reunirme con mi hermana Ester en el departamento de la Dordogne, pero considerando que podía representar un peligro para mi hermana, que era un punto de apoyo, me propusieron ir al "maquis". No me lo impusieron, me lo aconsejaron.

Para mí el drama fue ya constante: el tener que separarme de mi hijo. Hay momentos en que aun pienso: "¿Mi hijo no habrá sufrido demasiado por nuestra separación, no estará marcado para toda la vida?". Siempre tengo un remordimiento. Me fui al "maquis" dejando mi hijo a cargo de mi hermana. Ese "maquis" estaba camuflado como tajo de leñadores. Allí fui acogida con toda naturalidad y afecto, menos por un oficial de la Marina española Republicana, que no toleraba la presencia de las mujeres en las guerrillas. Allí se hacía carbón, pero sobre todo se escondían armas y además nuestro "maquis" servía de paso para otros guerrilleros.

Un día, mientras preparaba café, vi toda la casa rodeada de gendarmes. El motivo fue que el "Sevilla" había robado trajes, que necesitábamos para poder circular por ciudades y pueblos, en casa de un colaborador de Bergerac. Además había requisado una máquina de escribir y ésa la tenía yo en mi habitación. Detuvieron a los ocho que allí se encontraban. A los detenidos los soltaron a los dos o tres días por mediación del propietario del bosque, que tenía influencia y quería salvar a los resistentes.
De nuevo tuve que cambiar de sitio. Durante unos días estuve escondida en casa del primo de Cipriano Mera, dirigente de la CNT en una "ferme". Otra vez separada de mi hijo, me destinaron a Toulouse. Antes de marchar, mis compañeros del "maquis" me hicieron una despedida muy cálida, que me llevó a la convicción de que no sólo no había surmesto complicaciones mi presencia allí, sino que más bien había contribuido con mi sangre fría a solucionar problemas espinosos en momentos difíciles.

En Toulouse fui nombrada de la dirección de la MOL Para las autoridades significaba "Mano de Obra Internacional", pero la Resistencia lo había transformado en "Movimiento Obrero Internacional". Fui nombrada con Soriano y un camarada de Lyon. Yo protestaba porque tenía una verdadera angustia, pues no me creía preparada para tanta responsabilidad. Para mí fue el período más difícil de la resistencia.

Me incorporé al nuevo trabajo político, pero como ya había servido de enlace de guerrilleros, pues ese "sambenito" no me lo quitaron de encima. A pesar de las protestas de la dirección de la MOI continué mi doble actividad. Fui la mujer-orquesta.

Cuando conocí a Raúl, mi jefe español de la Resistencia, el material lo transportaba en una maleta de doble fondo a casa de una directora d escuela, Mme. Rocheblanc. Transportando aquí y allí, tenía que observa una serie de normas: no dormirse, no hacer calceta, estar siempre alert en las estaciones, saber dar el nombre y el domicilio de nuestr documentación.

En Toulouse me ocurrió un hecho que recuerdo bien. En la plaza Juana de Arco tenía una cita con un camarada que vestía un abrigo marrón y tenía un ejemplar de "Gregoire", periódico colaboracionista en la rnano. Me di cuenta de que tenía un acento raro. Yo le pregunto: "¿Tú no eres español?" -"No, ni francés, ¿qué interés tiene eso? "- "¡Oh! para mí ninguno, lo mismo me da que seas español, francés o alemán" -"Pues, mira -me dijo- alemán soy, y te ruego digas a tus camaradas que no has de volver más por esta plaza, que estás más quemada que Juana lo fue por los ingleses". Me quedé helada. Era un hombre alemán formidable de las Brigadas Internacionales.

Toulouse olía a quemado. Me destinaron a Lyon, capital de la Resistencia. Reclamé a mi hijo para pasar con él las últimas Navidades, quizás, y así fue hasta la Liberación. Nos hicimos una foto juntos. "Si caigo en la lucha -pensé- que tenga un recuerdo de mí".

En Lyon conocí a María, una española que tenía una tienda de ultramarinos y que era nuestro punto de apoyo. Me cuidaba todo lo que podía. Mi salud empeoraba, mi afección renal se agravó.

Como siempre, los contactos se realizaban en jardines y plazas, y siempre a salto de mata. Un día presencié un acto de barbarie en la misma plaza donde tenía una cita. Los SS acribillaron a balas a un hombre con gafas en la misma acera por la que tenía que pasar yo. Sólo por dar ejemplo. Nuestra reacción fue la de siempre: cuanto más crueles, más odiábamos a nuestros enemigos. Esto es lo que nos mantenía a pesar de las enfermedades, del hambre y del peligro constante.

La noche de la Liberación la celebramos con un grupo de resistentes, soldados y oficiales españoles de la División Leclerc.

Estas cosas te marcan para toda la vida. A veces veo películas sobre la Resistencia, y pienso que se nota que ciertos realizadores no han vivido la Resistencia. Nosotros hemos vivido cosas más trágicas e importantes.

En el fondo estoy satisfecha de mi vida. No he sido valiente, cumplí sencillamente con mi deber de comunista. Admiro a esas mujeres que no estaban tan motivadas, que dejaron su buen vivir para seguir un camino duro y difícil, como admiro a todas las muchachas y mujeres de otras tendencias políticas con las que luchamos estrechamente unidas. Pero también hemos tenido sufrimientos y decepciones, que nos han procurado algunas veces nuestros compañeros de combate. A fin de cuentas somos "auxiliares". Para ellos, los honores; para nosotras, el olvido.

Josefa Bas


Pasé la frontera en enero de 1939, al final de nuestra guerra, con un grupo de niños, mujeres y ancianos; nos llevaron a un campo de concentración del norte de Francia. Más tarde, poco antes de estallar la 2ª guerra mundial, encontré a mi madre en Marsella.

Ya durante la guerra, ocupada la mitad de Francia por los alemanes, me incorporé al trabajo clandesting en un grupo de "Jeunes Filles de France". Para mí, como para muchos refugiados procedentes de Cataluña y de toda España, la lucha continuaba, y luchar contra el nazi-fascismo era perseguir al mismo enemigo que había implantado en nuestra casa, sosteniendo un alzamiento contra el estado legal y democrático, la sucursal fascista llamada franquismo.
En la organización en la cual militaba hubieron grandes caídas y detenciones, y yo quedé desconectada.

Fué hacia el 1943 que, por conducto de mi madre, Manela Martí, supe que un "maquis" pedía mi ayuda, para misiones de enlace, ya que mi juventud (tenía 16 años) y mi aspecto físico -así como el buen dominio de la lengua francesa- me hacía apta para poder circular por unos departamentos en los cuales se necesitaba una orden de misión de los alemanes.

Este "maquis de Dordogne" era un destacamento mayoritariamente de españoles, más o menos ligado al "maquis" de la Corréze.

Eran unos 35 y tenían como misión principal hacer saltar la línea ferroviaria de París entre Gourdon y Brive-La Gaillarde, e impedir que ésta se acabara de electrificar, a fin de obstaculizar los movimientos de tropas y armarnento alemanes en este importante nudo geográfico.

Los compañeros bajaban de la montaña a realizar estas misiones muy al descubierto, ya que había escasez de armas ligeras.

Me tuve que encargar de proporcionarles pistolas y cajas de fulminantes (detonadores para explosivos) que nos procurábamos en Marsella, con la gente del hampa, muy importante en esta ciudad. Por medio de colectas entre los refugiados, podíamos pagar los altos precios que estas armas nos costaban.

Durante un tiempo estuve viajando de Marsella a la Dordogne transportando estas armas, y al llegar a Gourdon, un compañero que se llamaba Celestino, junto con un francés llamado Eloy, me ponían en contacto con una chica, Carmen Plá, que conocía a mi madre. Su hermano Jordi Plá, más o menos de mi edad, era el que me acompañaba al "maquis".

Pasábamos por caminos en los cuales, la forma de poner determinadas ramas, y otras señales que él conocía, nos permitía llegar al primer control, donde al ver a Jordi y decir éste la contraseña, nos acompañaban hasta el mando del "maquis", donde encontrábamos al responsable técnico, cuyo nombre de guerra era "Pernales" a quien yo le entregaba las armas.

También subí llevando dinero, y acompañando a chicos que querían incorporarse al "maquis"; entre ellos un aviador de la República, Rojas, del cual no he sabido nada más.

Cuando iba, me quedaba a comer con ellos, y ésto me permitió conocer a mucha gente de una tal cualidad humana que nunca podré olvidar. Un día les llevé platos y cubiertos de aluminio, para que tuvieran alguna pequeña comodidad.

Lo que más recuerdo, es el compañerismo y la solidaridad que reinaba en sus relaciones. Y siempre recordaré que aunque era joven y bonita, me trataron como una compañera más entre ellos, y con el más profundo respeto.

Más tarde, de regreso al país, he conocido otras formas de lucha, durante la época resistencialista y contra el franquismo. A cada tiempo le corresponde su táctica, y si bien quizás menos románticas, estas otras formas han sido necesarias para llegar de una manera y otra, a restituir un comienzo de democracia en nuestro país.


Barcelona, 28 de noviembre de 1978

Josefa Bas i Martí

Ramón Liarte Viu


Ramón Liarte Viu (Almudébar, Foia d'Osca, 30 d'agost de 1918 – Tolosa de Llenguadoc, 10 de gener de 2004) fou un anarcosindicalista i escriptor aragonès.
S'establí a Barcelona des de petit. Pertanyia a una família humil i es va formar de manera autodidacta. Durant la Segona República Espanyola arribà a ser el secretari general de les Joventuts Llibertàries de Catalunya.
En esclatar la guerra civil espanyola s'allistà a la Columna Durruti, de la que en fou redactor del seu diari El Frente. Durant el 1937-1938 continuà com a secretari de les Joventuts Llibertàries i fou membre del comitè provincial de la FAI. En acabar la guerra marxà a França, però passà pels camps de concentració de Vernet iDjelfa (1942), així com per les presons de Torre del Temple, Fresnes i Roland Garros. Aconseguí escapar amb ajuda de la CGT francesa i col·laborà amb laResistència francesa contra els nazis. En acabar la segona guerra mundial planejà una invasió pel País Basc i entrà clandestinament. Fou detingut i tancat a les presons de Cuevas del Almanzora, Almería i Granada, i quan fou alliberat marxà cap a França.
Formà part del comitè reconstituït del Moviment Llibertari Espanyol i el 1951 participà en el Congrés de l'AIT. El 1955 va substituir Miguel Vallejo Sebastián com a Secretari General de la CNT, fracció possibilista. Dirigí el diari España Libre i treballà incansablement per la reunificació de la CNT. El 1965 participà en el Congrés de Montpeller que va cimentar l'alianza entre CNT, UGT i ELA-STV. A la mort de Franco tornà a Espanya i dirigí Solidaridad Obrera el 1980-1982. Ha escrit nombrosos articles a la premsa llibertària i ha editat molts llibres.

Helios Sánchez


Heliodoro Sánchez Fernández , también conocido como Helios Sánchez ( Molinicos , provincia de Albacete , 15 de abril de 1909 - Portet , 29 de mayo de 1988 ) fue un anarcosindicalista español.


Pertenecía a una familia humilde y numerosa y tuvo que trabajar desde los siete años en numerosos oficios pastor, carpintero, agricultor). En 1925 entró a trabajar en los Altos Hornos de Sagunto y se afilió a la CNT en 1928. Fue miembro de la junta sindical y delegado en el Congreso de Zaragoza de 1935.
El golpe de estado del 18 de julio de 1936 le sorprendió en Uncastillo ( Cinco Villas , Aragón ) de donde huyó inmediatamente hacia Valencia y se alistó en laColumna de Hierro . Después abandonó el frente y trabajó en la industria de guerra. El fin de la guerra civil española le sorprendió el puerto de Alicante , donde fue detenido e internado en el campo de concentración de los Almendros , en el campo de Albatera ya la cartuja de Porta Coeli . Una vez liberado se incorporó a la lucha clandestina y participó en el Pleno de Madrid de febrero de 1944 como representante de Aragón.
Fue arrestado por la Brigada Político-Social en diciembre de 1944. Condenado a 10 años de prisión, fue internado en la prisión de Zaragoza, de donde fue liberado al cabo de unos años. Continuó su labor clandestina como miembro del comité nacional de la CNT de Miguel Vallejo Sebastián . Tras ser detenido en Valencia en marzo de 1950, huyó a Francia en mayo de 1950. Sustituyó José Juan y Domènech como Secretario General de la CNT fracción posibilista. Intentó aproximarse nuevamente las dos fracciones, pero fracasó y en el IV Pleno Nacional de 1952 dejó la secretaría a Miguel Vallejo Sebastián. Entonces se estableció en Toulouse y continuó su militancia antifranquista. Fue expulsado de la CNT tras el plenario de Burdeos de 1969.

JOSÉ PEIRATS I VALLS

(1908-1989)



La gran calamidad de las dictaduras no consiste sólo en sus atropellos al derecho de los ciudadanos y contra las personas físicas, sino en el gran vacío que dejan
al desaparecer. Todo tiene que improvisarse tras la desaparición del poder personal. Una gran hambre física y de libertad se
despierta súbitamente.
JoPeirats i Valls.

LA VOZ DE UN HISTORIADOR ANARQUISTA

La historia de la guerra provocada por la rebelión militar del general Franco es un tema que en forma conjunta no ha sido tratado por muchos exiliados, no ya por los historiadores, sino tampoco por aquellos que por diversos motivos escriben historia, y así vemos que José Peirats, hisrico militante de la CNT y de la FAI, publica La CNT en la Revolución española (3 vols., 1951, 1952 y 1953), obra escrita como justificación de la CNT y del movimiento libertario, especialmente contra el PCE, en los dos últimos volúmenes estudia la guerra civil; escribió también un ensayo sobre Los anarquistas en la crisis política española (1962). Está considerado el más importante historiador anarquista español desde Anselmo Lorenzo.

El sindicalista, periodista e historiador José Peirats i Valls, nace en Vall de Uxó, Castellón, el 15 de mayo de 1908 y fallece en Burriana el 20 de agosto de 1989. Hijo de una familia de alpargateros, a los cuatro años emigra con su familia a L'Hospitalet de Llobregat. Comienza a trabajar a la edad de ocho años, desempeña varios oficios, pero el más habitual fue el de ladrillero. Con catorce os se afilia a la Confederación Nacional del Trabajo. Participa en la fundación de Ateneo Nacionalista de la Torrasa. Es encarcelado por vez primera, en 1927, durante la Dictadura de Primo de Rivera, ya en la II República se integra en la Federación Anarquista Irica, llegando a ser secretario de la FAI de Barcelona. Ingresa en las Juventudes Libertarias. Redactor de Solidaridad Obrera, órgano de la CNT, es delegado por L'Hospitalet en el hisrico Congreso de la CNT, celebrado en 1936, en Zaragoza, en el que se opuso a la alianza con la Unión General de Trabajadores (UGT). En la célebre jornada del 19 de julio de 1936, participa en el asalto del cuartel de Bruc, de Barcelona. Se integra en la redacción de Acracia. Durante la guerra se opone a la colaboración política de la CNT con el Gobierno republicano. En la primavera de 1937 se hace cargo de Ruta, órgano de las Juventudes Libertarias de Cataluña y, a finales de ese año, se alista como voluntario en la columna Durruti, en la que alcanza el grado de sargento. Al finalizar la guerra cruza los Pirineos con el resto de su división y es internado en el campo de concentración francés de Vernet d' Ariège. En diciembre de 1939, en el vapor francés La Salle, parte hacia Santo Domingo, desde donde pasa a Ecuador, Panamá y Venezuela, trabajando en diversos oficios. Colabora en el periódico venezolano El País.


En abril de 1947 asiste a la Conferencia Internacional del Movimiento Libertario Español celebrada en Toulouse. En junio de ese año entra clandestinamente en España. Es nombrado secretario general del MLE. Regresa a Francia y en octubre de 1947, en Toulouse, es elegido secretario de la CNT en el exilio, de la fracción ortodoxa. En mayo de 1950, vuelve a ser reelegido y es director del semanario CNT. Muerto el dictador regresa a España en 1976. En la escisión CNT-CGT de 1979-1980 sigue a los posibilistas”, aunque se retira, con su compañera Gracia Ventura, a su tierra natal.



Entre las obras de Peirats, además de las citadas, destacan: Diccionario del anarquismo (1977), Emma Goldman, anarquista de ambos mundos (1978), Figuras del movimiento libertario español (1978) y Mecanismo orgánico de la Confederación Nacional del Trabajo. Y como dijo el historiador anarquista: «El principio de la victoria ante todo” es no tener principios».

Francisco Arias Solís.