1943-1944: La CNT y la liberación de París

1943-1944: La CNT y la liberación de París
Información sobre el papel que los miembros del sindicato anarquista de la CNT española jugó en la liberación de París de la ocupación nazi.
"ARGELIA SUR-ESTE FRENTE, GRUPO NORTE, NUM, 93D/31, 

. M'DILLA, 12 DE ABRIL DE 1943 
. Extracto de la Ordenanza N º 38 
Coronel Delmay de Garenne, al mando del grupo norte de la parte frontal de Argelia del sudeste dicta: 
'Abenza Jesús, legionario en la tercera RI Elite pionero detector de minas, que brillantemente se distinguió en el avance, el 7 de abril de 1943, despejando un paso delante de los carros de combate a través de numerosos campos de minas demostrando gran valor y total desprecio al peligro.' 
Coronel Delmay de Garenne, comandante del Grupo Norte de la fachada sur-oriental ".
Al final de la Guerra Civil Española y la Revolución , Jesús estaba en el frente de Madrid y fue incapaz de pasar a Francia hasta principios de 1941. En Perpiñán, fue condenado a un mes de prisión por haber cruzado ilegalmente la frontera. Fue encarcelado en Argeles desde donde fue deportado a Argelia.
"Fue allí que decidí ser voluntario para el Cuerpo de África francesa con la que hice toda la campaña de Túnez. Entonces me uní a la Brigada de marcha que más tarde se convirtió en el Chad Marching Regimiento, y que se hizo famoso en todas las batallas contra las fuerzas de Rommel en África.
Al final de la guerra de África continué en las Fuerzas Francesas Libres.Salimos de Casablanca, el 4 de abril de 1944, desembarcando en Swansea el 22. Después de alojarnos en numerosos campamentos militares, nos embarcamos en una "nave de libertad 'a Normandía el 31 de julio.
Tras haber sido un sargento por el general Leclerc fue con trenzas (que no significaba nada para mí), que luché a través de Francia y Alemania, antes de entrar en París, el general Leclerc montado el 9th ​​Company, prácticamente todos los españoles y la CNT, e hizo el siguiente discurso:
"Los soldados de la Francia Libre y combatientes extranjeros por la libertad de Francia. Nuestra división que cubrió de gloria en miles de acciones debe ser el primero en entrar en París. Porque sé que no vas a retirarse y que se coloca muy alto el honor de la División Te estoy dando la orden (Novena Compañía de Voluntarios Extranjeros) para estar a la cabeza de las fuerzas y los primeros en liberar París '.
Esto es lo que pasó. Fuimos los primeros en entrar en París. El primer cañón instalado en la plaza del Hotel de Ville (Ayuntamiento), que fue el responsable de. Lo llamamos "El-Abuelo '(abuelo). Los tanques y vehículos blindados eran "Ascaso ',' Durruti ',' Casa Viejas ',' Teruel '... y delante volamos la bandera republicana española según lo autorizado por el comandante " 

- cuenta por Jesús Abenza
Además de participar directamente en la liberación de París, los anarquistas españoles tomaron parte en la lucha armada contra el régimen fascista de Franco en España , y lucharon en la Resistencia francesa durante la ocupaciónEn la Segunda División Blindada (2emeDB) de Leclerc, los españoles formaron compañías enteras que en conjunto prácticamente formaban todo un batallón - la tercera Chad Marching Regimiento. Destaca la Compañía novena, 'La Nueve' como camaradas llamaban, que fue casi totalmente compuesto por militantes libertarios del sindicato anarquista de la CNT (Confederación Nacional del Trabajo) y la Federación Anarquista Ibérica (FAI).
"El contingente español en la columna Leclerc fue tan importante que el propio general Leclerc veneraba la 9 ª Compañía de la RMT y saludó la bandera republicana española les engendraron. Esto ocurrió en agosto de 1943, cerca de Djidjelli.
Esta compañía fue compuesta en su totalidad de los españoles, incluidos los oficiales. En otras empresas, había cerca de 60% español ...Aterrizamos en Francia el Ist - 03 de agosto 1944 en la costa de Normandía. Allí, muchos de nosotros nos quedamos, en particular en la infame sellado-off de la 'bolsa de Falaise' ... Al Echouche Cemetery (Normandía), un gran número de refugiados españoles cayeron en los combates pesados ​​...
Los primeros tanques para ingresar nombres españoles tenido. Las Fuerzas de la Francia Libre pensaron que éramos americanos, y mientras hablábamos mal el francés, había una posibilidad de confusión. Dijimos: 'No somos americanos, no somos Inglés, somos españoles y de los refugiados. " En la mañana del día 25 nos trasladamos fuera hacia el cuartel de la Place de la Republique. Mucha sangre española corrió otra vez en la ruta desde el Ayuntamiento a la PI. Republique ". 

- Cuenta por V.Echegaray)
La odisea de la DB 2eme no terminó en París, pero siguió en campañas de Alsacia y Lorena. La novena se distinguió brillantemente en el Mosela, en la liberación de Estrasburgo el 23 de septiembre, y luego en las batallas en Alemania, pasando por el campo de concentración de Dachau (liberado por los americanos) y la parada final es la captura de Hitler ' Eagles Nest 'en Berchtesgarten donde los españoles fueron los primeros en entrar.
La presencia masiva de militantes libertarios en el DB 2eme, y en particular la novena Compañía, se explica fácilmente si se tiene en cuenta que para muchos de ellos se desprendía que una vez que Francia fue liberada, sería el turno de España.
Camarada Manuel Lozano, quien recibió la Cruz Militar por Leclerc por su participación en las campañas de la novena, explica: "Nos unimos a la División de Leclerc porque pensamos que después de Francia estaríamos fuera para liberar a España en mi empresa, La Nueve,. todo el mundo estaba dispuesto a desertar con todo el equipo. Campos, el Comandante de la tercera sección, estaba en contacto con la guerrilla de la Unión Nacional que luchaban en los Pirineos. Pero la Unión Nationale fue inundado por los comunistas, y tuvimos que lo rechazan ... tenía los comunistas no han dominante, entonces la compañía se han unido, y no sólo a la empresa, pero todos los demás Batallones con los refugiados españoles. Teníamos todo resuelto. Los camiones llenos de equipo, combustible, estamos d haber ido tan lejos como Barcelona. Y entonces, quién sabe si la historia de España no habría sido diferente ... "
Siempre con la continuación de la lucha en España en mente, los compañeros de La Nueve habían organizado la recuperación sistemática de las armas en los campos de batalla. Dos medias pistas se utilizaron para este propósito, y las armas obtenidas se almacenaron en parte, en el pequeño taller que Manuel Fernández, un anciano militante de la Unión Forestal, había establecido cerca de Montpelier, para uso de los grupos de acción que se infiltraron en la España de entonces.
Por último hay que señalar que los historiadores oficiales han sido extrañamente en silencio sobre el papel de los españoles en la Resistencia en general, y el ejército de Leclerc en particular. Desde 1946 Adrien Dansette negó la presencia de los españoles, pretendiendo que eran los marroquíes! No hay referencias a los españoles, posteriormente se pueden encontrar ya sea en el trabajo de Lapieffe, Collins, o Michel. Incluso el capitán Raymond Dronne que era el comandante de la 9 ª Compañía, apenas los menciona en su libro sobre la liberación de París -, mientras que en su diario de campaña (que se reproduce en español, pero no publicado en francés en nuestro conocimiento) que con frecuencia, ya menudo con la emoción , recuerda estos combatientes, principalmente de la CNT-FAI. ¿Es este silencio voluntario o simplemente por casualidad? En cualquier caso, la participación de los extranjeros, (ya sean antifascistas españoles o alemanes, refugiados polacos, combatientes judíos, argelino, Kanak o infantería senegalesa), en la lucha por la liberación, se ha minimizado sistemáticamente cuando no ha sido pura y simplemente borrados, lo que permite una imagen de los franceses liberarse por sí mismos - una teoría que permite fácilmente la creación de un gran consenso nacional y atenuando el grado de colaboración con los nazis de ocupación.

Editado por libcom de Flag Negro, N º 198, mayo 1990

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¿Qué fue de la CNT...?







   En 1976, aún vigente el régimen franquista, aunque con su fundador muerto, se reconstruyó la CNT, tras décadas de lucha en la clandestinidad. Fueron decenas de miles las personas que se unieron a aquel proyecto, viejo y renovado a la vez. Su presencia se extendió por todo el país con una asombrosa rapidez en fábricas, barrios, universidades, especialmente entre la juventud, que vio en el anarcosindicalismo una fuerza libre de las componendas a que se sometieron los personajes de la oposición democrática. Pero el sueño duró muy poco. En sólo unos años, aquella fuerza que se pensó imparable se diluyó como un azucarillo en el café caliente. ¿Por qué...? 

Entrevista con Luis Edo Martín


Cuéntanos a grandes rasgos cómo fue el proceso que desembocó en la reconstrucción de la CNT


El proceso de reconstrucción de la CNT de finales de 1975 y primeros meses de 1976 viene siendo analizado desde diversos puntos de partida. En algunos casos buscando argumentos que justifiquen las lamentables situaciones vividas por la Organización en los años sucesivos y que desembocaron en la escisión tras el V Congreso. Ha faltado, creo yo, un estudio en profundidad que sitúe esa reconstrucción en el más amplio proceso que vivió todo el Movimiento Libertario Español (MLE) en su conjunto, desde antes de finalizar la guerra y en los años posteriores hasta finales de la dictadura franquista

Es decir, creo que pasado el tiempo, se tiene la tentación de hacer proyecciones “ideales” de cómo se tendrían que haber hecho las cosas sin tener en cuenta la realidad, tanto interna como externa, sobre la que tuvimos que plantearnos esa reconstrucción.

Las enormes dificultades de la clandestinidad, junto con la brutal represión sufrida por el régimen fascista y los enfrentamientos internos, más los errores estratégicos cometidos, hicieron que en los inicios de 1976 ninguna de las organizaciones libertarias que habían dado contenido al MLE tuviera una presencia operativa suficiente en la lucha social de aquellos años. Esa situación hizo que sobre el proceso de reconstrucción de la CNT, recayera aquel vacío formado por la discontinuidad y el corte generacional que produjeron los 40 años de dictadura, más la confusión ideológica, propia de aquellas circunstancias.

Lo núcleos de militancia que aún seguían la lucha estaban desunidos, relacionados a través de varios Comités, cada uno con la pretensión de tener la autenticidad confederal, etc. Este fue uno de los aspectos más difíciles con el que se tuvo que contar y atender.

Así pues, la reconstrucción de la CNT se planteo desde lo que había, desde la realidad que la militancia de aquellos momentos la hacían posible, y con la convicción de que el propio proceso debería contribuir a superar esas divisiones internas y a integrar a las nuevas generaciones de trabajadoras y trabajadores, pero también a otros sectores de la sociedad como los estudiantes y otros que desarrollaban su militancia en los barrios, porque no había otras organizaciones libertarias que pudieran dar cauce a esos espacios de lucha ciudadana y todos teníamos la inquietud, y también las prisas, hay que decirlo, de sentirnos unidos en una organización libertaria. 

Por lo tanto, se actuó sobre lo que había. Y lo que había era, como ya he dicho, algunos Comités representativos de las diversas CNTs, desde los que se relacionaban los grupos de compañer@s aún activos, con gran experiencia y valía personal, pero sin la suficiente presencia orgánica y de acción sindical, para que ninguno de esos Comités pudiera alzarse con el riesgo y la responsabilidad de plantear por sí solos la reconstrucción de la CNT. De otra parte estábamos las pequeñas organizaciones, algunas con manifiesta voluntad de pertenencia anarcosindicalista y de trabajo de reconstrucción sindical, como era el caso de la Federación de Grupos de Solidaridad y otras que ya mencionaré, mayoritariamente de gente joven, que se habían ido formando desde mediados de los años sesenta, o antes en algunos casos, y los grupos y grupúsculos de afinidad ideológica con presencia en barrios, Institutos y Universidades.

Atendiendo a todas estas circunstancias y desde la convicción aceptada por todos de que era de primordial importancia conseguir recuperar la unidad de la Confederación, la reconstrucción se planteo invitando a todos los libertarios, en el bien entendido de que de lo que se trataba era de reconstruir la Confederación Nacional del Trabajo. 

Tanto es así, que ya en la propia Asamblea Confederal de Cataluña del 29-2-76 se procedió a organizar por sectores de actividad a todos los que así lo manifestaron, aunque también se aceptaron las agrupaciones por barrios para los jóvenes, estudiantes, etc. 

Se ha dicho que en esa forma de plantear la reconstrucción, estaba ya el origen de muchos de los problemas posteriores y es posible que así haya sido. No obstante, las circunstancias eran las que eran y si se hubiera procedido a una reconstrucción más marcadamente sindical, se hubiera dejado fuera gran número de compañeras y compañeros jóvenes y no tan jóvenes sin cauces desde los que proyectar su militancia libertaria.

De cualquier forma, hemos de aceptar que la equivocación y el error es un supuesto siempre presente en la acción. Claro que no aceptar esa posibilidad lleva la más de las vedes a la inoperancia. 

A finales de 1974 y durante todo el 1975 era ya un sentimiento extendido entre todos los grupos libertarios que se tenían que tomar iniciativas de cara a la reconstrucción de la CNT. Se precipitaban los acontecimientos tanto de orden político como sindical. Los planes del PCE en torno a alzarse con el monopolio sindical a través de una Central Única en base a la estructura de la Organización Sindical del régimen, parecían estar en el juego de las componendas políticas del momento.

La convocatoria podía haberse producido desde cualquier núcleo. Por lo que recuerdo, fue en la Federación de Grupos de Solidaridad desde donde partió las primeras iniciativas tendentes a impulsar el proceso de reconstrucción y al efecto se procedió a tomar contacto con todos los grupos conocidos, tanto de jóvenes como de viejos militantes, a los que se transmitió esa propuesta y el resultado fue la formación de una Comisión Organizadora que se cuidó de los aspectos técnicos de la convocatoria de la Asamblea Confederal de Cataluña para la reconstrucción de la CNT.

Se repartieron 700 invitaciones y asistieron unos 500 compañer@s, de los que 393 dejaron constancia de su actividad laboral, sindical o militancial, distribuidos como sigue: Actividades diversas, 82; Artes Gráficas, 14; Banca, 15; Construcción 14; enseñanza, 29; Espectáculos, 12; Metal, 16; Sanidad, 33; Textil, 11; Comarcas-barrios, 83; Grupos libertarios, 33 y estudiantes, 51.


¿Qué grupo o corrientes participaron?

Creo no equivocarme si os digo que participaron todos los núcleos libertarios conocidos en aquellos tiempos. En primer lugar se logró que participaran todas las tendencias en que se había dividido la Confederación, tanto del exterior y de los grupos con ellos relacionados del interior: Secretariado Intercontinental, CNT-AIT; Frente Libertario, etc., como de los sectores jóvenes y los nuevos grupos y organizaciones: Federación de Grupos de Solidaridad, MCL, OLT, GOA, CGA, FSR, además de otros grupos de afinidad procedentes de barrios y la Federación Anarquista de Estudiantes, Rojo y Negro, etc. 

La participación se produjo a través de los grupos más o menos cohesionados, por lo que la identificación de las corrientes en aquella situación es más problemática, eso vino después. Si bien, está claro, que en el trabajo que sobre el terreno se venía desarrollando por los distintos grupos y organizaciones, se podría ver que algunos como era el caso de Solidaridad, o los GOA —por poner un ejemplo— se habían dotado de una incipiente organización por sectores de actividad y podían sentir más imperiosa la necesidad de dotarse de una estructura sindical que otros grupos y colectivos para los que su experiencia vital estaba en otros espacios.


¿Qué peso e influencia tuvo el exilio cenetista en ese proceso?


Como ya he dicho la iniciativa de la reconstrucción partió de los grupos y sectores más jóvenes. Desde el acuerdo tomado por las nuevas organizaciones y grupos libertarios en el sentido de impulsar la reconstrucción de Confederación, se formo un pequeño núcleo y se me encargó la tarea de contactar con todos los grupos y comités conocidos que se reclamaban de la CNT. Esta responsabilidad me llevo a entrevistarme con el Comité del la CNT adscrita o relacionada con SI ubicado en Toulouse. Esa reunión tuvo lugar en Terrassa en la que estuvieron presentes siete u ocho compañeros, entre los que ahora recuerdo a Padilla y Valero. Debo decir que fue una reunión larga y difícil, con muchas dudas, suspicacias y prevenciones, que costó ir superando y que no sé si se hubiera conseguido a nos ser por la intervención del compañero Valero, que llegado un momento, después de haber escuchado un buen rato el debate sobre la propuesta que les transmitía y nuestra determinación a tirarla adelante con quién estuviera de acuerdo, que tomó la palabra y volcó todo su buen sentido común de militante responsable y honesto, consiguiendo la aprobación de todos. Desde aquel momento tuvimos en Valero una ayuda fundamental. Lástima que muriera poco después. Y lo mismo debo decir del compañero Padilla.

La relación con el sector de Frente Libertario se realizó a través del “grupo de los maños” con el que se relacionaban, Salicas, Costa, Casasus, José Cases, Matías Gonzalez y otros compañeros como Torremocha, que ahora recuerde. Mención aparte merece Félix Carrasquer que por pertenecer a Solidaridad, ya había participado, desde el inicio mismo de la formación de esa Federación, en la orientación de todo su trabajo de difusión ideológica y formación sindical de esos grupos, hacia la reconstrucción de la CNT en el momento oportuno; y tod@s estábamos percibiendo que ese momento había llegado. 

En la reunión que mantuve con este sector pasó algo parecido que con los otros compañeros, solo que en este caso todos los reunidos parecían estar de acuerdo excepto José Cases. Este compañero fue manteniendo objeción tras objeción hasta que aceptó la posición de la mayoría. También he de decir que desde aquel mismo momento en que el grupo tomó el acuerdo de incorporarse al proceso de reconstrucción, fue José Cases uno de los compañeros que con más dedicación y entrega trabajó en la preparación de la Asamblea Confederal de Catalunya y en el período inmediatamente posterior.

Así pues, la influencia del exilio yo la situaría en el período posterior, cuando ya se ve que hay nuevas posibilidades y entra en juego la dinámica de quién controla a quién. Pero esa es otra historia. 


¿Qué debates se plantearon en aquellos primeros momentos? ¿Cuales fueron los puntos de fricción que surgieron?
   

Después de la Asamblea y la designación del primer Comité de la CNT de Catalunya, el trabajo se centró en la organización de sindicatos y federaciones locales y comarcales. Los debates que se plantearon en algunos sindicatos estuvieron relacionados con criterios de afiliación, que en algunos casos se llego a condicionarla a una especie de pureza ideológica y de negarles la afiliación a algunos trabajadores que habían mantenido cargo de representación en la CNS -los sindicatos del régimen-, desde los que, en algunos casos, se había entrado en confrontación con otros sectores de oposición y que ahora se volvían a encontrar.

Otro momento de fricción discurrió entorno a un posible acuerdo con UGT para reeditar la Alianza Sindical. Situado en el tiempo en que esta situación se producía, con la amenaza de la Central Única de Trabajadores promovida por el PCE y CCOO, parecía necesario hacer algún movimiento que animara a la UGT a oponerse a ese proyecto. El tema fue ampliamente debatido y no se llegó a una mayoría de apoyo suficiente, por lo que el tema fue soslayándose y los nuevos posicionamientos sindicales dejaron sin sentido esa operación. 

También surgieron fricciones y conflictos derivados de la muy escasa formación sindical y casi nulo conocimiento de la organización, del cometido y funcionamiento de sus órganos de coordinación, de cómo debe conjugarse la autonomía básica de cada ente con la lealtad a los acuerdos tomados y la solidaridad y responsabilidad de todos hacia el conjunto de la Confederación, etc. A este respecto, me acuerdo que nada más formarse el primer Comité Regional, a las pocas semanas, se produjo la primera petición de dimisión proveniente de unos grupos de jóvenes comapñer@s que sin ninguna información previa, habían montado una manifestación en el centro de Barcelona con pancartas y banderas de la CNT que derivó en la consabida ruptura de escaparates y destrozos varios; todo ellos sin ni tan siquiera haberse presentado la policía. A la mañana siguiente la prensa se despacha a gusto y ponía a la CNT de chupa domine. Hicimos una consulta rápida entre varios sindicatos y el Comité Regional acuerda sacar un comunicado dejando las cosas en su justo sitio. Pues bien, asumir esa responsabilidad de salir en defensa de la CNT, fue el pretexto para que se pidiera la dimisión del Comité Regional.



¿Cómo fue aquel período de clandestinidad tolerada hasta la legalización definitiva? El asunto de la legalización planteó en la CNT, como en las demás organizaciones antifranquistas, la disyuntiva de forzar una legalización de hecho o «pasar por ventanilla». ¿Cómo se resolvió en la CNT?


Ese período fue apasionante en muchos aspectos. Teníamos una historia de lucha, de honradez y honestidad en la defensa de los intereses y las condiciones de vida de las trabajadoras y trabajadores de este país, pero carecíamos de todo lo demás. No teníamos medios, ni económicos ni de ningún tipo. No teníamos locales. Ni tan siquiera teníamos una máquina de escribir, y en esto la diferencia con otros sindicatos era abismal. También percibíamos que tras las componendas políticas que llevaron a los otros sindicatos con mayor presencia a las posiciones colaboracionistas que han venido manteniendo, el foco de prevención y aislacionismo se iba centrando sobre la CNT. Pero creo que, a pesar de ello, asumimos que esa clandestinidad tolerada no tenía que condicionarnos y aunque que con alguna precaución, acometidos los trabajos de organización como si con la formación de cada sindicato estuviéramos empujando un poco más los márgenes tolerados, ganando nuevos espacios de libertad, de asentimiento de hecho, que las nuevas situaciones políticas del país iban imponiendo.

El tema de la legalización se planteó más tarde y yo ya no estaba en la Comité Regional de Catalunya, por lo que solo puedo daros una opinión personal. Creo que la disyuntiva de forzar una legalización de hecho o “pasar por ventanilla” solo hubiera podido plantearse desde una posición conjunta de todas las centrales sindicales en presencia. En el momento que esa posición de clase, de movimiento obrero, era inviable y todos los demás sindicatos fueron pasando por la ventanilla, creo que a la CNT no le quedaba otra opción que la que tomó, la de pedir su legalización.


¿A qué atribuyes el éxito de la CNT en aquellos momentos y su capacidad de convocatoria después de tantos años de práctica desaparición?


En mi opinión, creo que funcionó una cierta recuperación de la memoria histórica, de la percepción que muchas trabajadoras y trabajadores habían conservado o les habían transmitido sus padres o abuelos, respecto a la CNT. A pesar de toda la propaganda del régimen fascista y de la permanente campaña de acoso y persecución que se habían mantenido durante todo el período de la dictadura, la CNT seguía siendo un referente de primera magnitud como sindicato radical y honrado en la defensa de los intereses de la clase trabajadora, no sujeto a las componendas de los partidos políticos y por todo ello autónomo.

Otro aspecto importante que sería injusto olvidar si se trata de explicar la capacidad de convocatoria de la CNT de aquellos primeros momentos, es el arrastre que ejercieron reconocidos militantes con experiencia en las luchas de aquellos años y que optaron por integrase en los sindicatos de la Confederación. Estos compañeros 



¿Qué errores fundamentales se cometieron a tu juicio en aquellos momentos? 


Más que errores puntuales ante tal o cual circunstancia, pienso que hubo un error de apreciación sobre el momento histórico que se estaba viviendo, sobre la situación general de la clase trabajadora y de la sociedad en general después de haber pasado cerca cuarenta años de dictadura, sobre las prioridades que dadas esas situaciones era de sentido común que la Organización hubiera seguido. Falto algún que otro ejercicio de responsabilidad, tanto de los viejos como de algunos nuevos y no tan nuevos militantes con carisma, para hacer frente a ciertos extremismos infantilistas que condicionaban la implantación de los Sindicatos y en algún momento monopolizaban (y no para bien) la imagen pública de la propia CNT. No se hizo todo lo necesario para abrir vías de debate y reflexión orientada a superar aquel estado de polarización sectaria que tanto daño ha venido haciendo a la Confederación. No pudo abrirse paso un elemental sentido estratégico imprescindible para cualquier movimiento u organización social que se plantee impulsar procesos de transformación social. 

En este sentido, quizá cueste creer, que en un período en que aparecieron tantos revolucionarios, apenas se aportara nada nuevo, ni en cuanto a teoría política revolucionaria, ni tampoco en el sentido —que tanta falta hacía- de hacer comprensible una idea de proceso hacia la transformación social, en el que el trabajo de base, sindical o de barrio, de movimiento social y ciudadano, de organización, de lucha por la mejora de las condiciones de trabajo, tienen su sitio y su trascendencia. Donde se fragua la rebeldía frente a la dominación, se construye un nosotros incluyente, plural y respetuoso con las distintas visiones en presencia y se organiza la solidaridad con nuestros iguales.

Creo que fue un error soplar a favor del viento y dar alas, en muchos casos interesadamente, a algunas corrientes “anti-organización” y anti-sindicales impregnadas de los discursos que impartían algunos santones del momento. Hubo cierta laxitud al enfrentarse a las prácticas excluyentes que traían algunos conversos. Se utilizó como anatema vergonzante la calificación de reformista por los llamados revolucionarios, aplicándose injustamente a muchos compañer@s que fueron condenados al ostracismo y acabaron por abandonar la Organización, etc. etc. 


¿Qué consecuencias tuvieron esos errores en el desarrollo posterior de los acontecimientos?


Sin querer eludir la pregunta, pero creo que la respuesta viene dada por la propia situación de la CNT y no solo de la CNT. Yo diría que las consecuencias están a la vista si contemplamos la situación actual de todo lo que englobaríamos en lo que hemos venido entendiendo como Movimiento Libertario: Nueva escisión de la Confederación en dos organizaciones anarcosindicalistas, CNT y CGT, con una presencia en los centros de trabajo, por desgracia mínimamente testimonial por parte de la CNT y con mayor implantación de la CGT pero que difícilmente consigue el 10% de la representación sindical total, además de la existencia de otros problemas.

Si enfocamos la situación en el campo de las luchas antiglobalización o altermundistas, la de los nuevos movimientos sociales, tenemos la paradoja de que muchas de las ideas que alimentan a estos colectivos tienen una inequívoca raíz libertaria, lo que podría animar a un trabajo coherente y respetuoso con esa realidad, pero no hay ninguna instancia o espacio de confluencia aceptado y consensuado por cuantas organizaciones, colectivos o individuos que nos reclamamos y nos reconocemos como libertarios, desde la que poder comparecer y concurrir con ideas, propuestas y estrategias de transformación social a los nuevos espacios donde se está desarrollando la lucha anticapitalista en estos momentos. Otros, las corrientes autoritarias, reformistas o no, si lo están haciendo. 



¿Cómo crees que se hubieran podido evitar?
Con algo más de sentido común, con más respeto hacia todos los compañeros aunque no coincidieran con la opinión “dominante” en cada momento. 


Dicho esto, en sentido general creo que la respuesta a esta pregunta está contestada por todo lo que vengo diciendo. Pero sí quisiera añadir, que en mi opinión, se debería haber evitado la escisión. Digo que se debería, no me atrevo afirmar que se podría haber evitado, dado que ocurrió en un tiempo en el que no participé directamente y quizá no disponga de toda la información. Mi opinión viene determinada por una cuestión de principios. 
Me explicaré: Los compañeros mayores con los que tuve el privilegio de formarme, me enseñaron a ver la Confederación como el espacio de convivencia donde cabíamos todos los trabajadores unidos por el mismo hecho de ser explotados, a modo de ir prefigurando el federalismo de la sociedad del apoyo mutuo, libre, justa y solidaria. Indudablemente, como en cualquier organización y colectivo humano, también en CNT se tiene que organizar la convivencia, hay conflictos, afanes de poder, etc, y se tienen que adoptar decisiones y acuerdos, que una veces los compartirás totalmente y otras no, unas veces será mayoritaria tu forma de ver las cosas y otras no, una veces llegarán a los comités de relación y coordinación compañer@s con los que te sientas más en sintonía y otras no, pero en cualquier caso será un fracaso colectivo y la negación más absoluta de aquellos principios, prender dar solución a los problemas por la vía de las escisiones.


¿A qué factores atribuyes la decadencia de la CNT tras la ruptura en 1979?


En primer lugar a la ruptura misma. Con la ruptura se trasladaba un mensaje a las trabajadoras y trabajadores negativo, antidemocrático, de incapaces por no saber solucionar las diferencias aplicando los mecanismos de relación y toma de acuerdos de que tanto alardeamos, democracia directa, federalismo, autonomía de los sindicatos, etc. Fue como dejar al descubierto todas las miserias acumuladas en muchos años

Por otro lado no hay que olvidar que la ruptura se produce en unos momentos en los que las trabajadoras y trabajadores estaban tomando sus opciones de afiliación sindical y, como digo, la imagen que se les trasladaba de la CNT no animaba, no la hacía atractiva en absoluto.

También es cierto que hemos pasado unos años de cambios muy profundos en los sistemas productivos, en los procesos de acumulación capitalista, en la globalización de la economía, la liberalización de los movimientos de capitales, el brutal crecimiento de la especulación financiera, nuevas correlaciones de fuerzas a escala mundial, etc., fenómenos a los que no se les puede responder desde la rigidez, que exigen mucha cintura a las organizaciones sindicales, innovaciones en sus formas de lucha, trabazón con nuevos aliados y movimientos sociales para la lucha común y la ayuda mutua contra el poder económico a todos los niveles.

Otro aspecto que se podría analizar es en qué medida la no participación en las elecciones ha retraído la filiación y con ella una menor presencia en los centros de trabajo y en las contiendas sociales. Si ese sentido común del que vengo hablando estuviera más presente en nuestro quehacer, hubiera sido interesante abrir un debate como el que propusimos desde Debate Libertario, en el que, ateniéndonos a ese respeto mutuo del que tanto alardeamos, propusimos unos encuentros de compañer@s tanto de CNT como de CGT, donde se hubiera podido dialogar y analizar las experiencias y efectos —no todos positivos- acarreados por la decisión de participar en las elecciones que tomó la CGT, y la experiencia que ha proporcionado a los compañer@s de la CNT su opción de no participar en dicha elecciones. La reunión se hizo y con bastante asistencia, pero en vez de debatir y analizar se aprovecho para insultar y ahí se terminó el debate. 


¿Qué queda hoy de aquella CNT?


Si os referís a la CNT de la historia, la que soñamos reconstruir en 1976, no creo que quede mucho, lamentablemente. Queda el nombre, los sellos, los comités., y seguro que también quedan compañer@s que aún mantendrán la esperanza en que es posible que las cosas cambien, con los que me uno fraternalmente, porque mientras existe ese atisbo de esperanza, siempre será posible que las ideas vuelvan a germinar. O al menos esos es lo que yo más deseo.

La retirada

Galería fotográfica


Refugiados de la Guerra Civil Española, llegaron a México 456 niños



Justo Álvarez. 
Durante el Congreso de la CNT - 1961


Placa que  conmemora la reconstrucción de la FAI y los ciudadanos de Carrara de un puente ferroviario destruido por los alemanes - 1946


1 de mayo.1945-1947


Meeting in teatro Verdi - FAI 1945

CONGRESO DE LA CNT EN EL EXILIO: 1947 (Toulouse)

CNT Tolulouse 1 enero 1961

Las grandes olvidadas: las mujeres españolas en la Resistencia francesa Isabel Munera Sánchez (comunicación del Congreso “Mujeres, libres y libertarias”, celebrado en Madrid en 2005)




Un gran manto de olvido ha cubierto durante muchos años la participación española en la Resistencia francesa. Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, los franceses se dedicaron a construir una historia de la Resistencia que ignoraba la importante presencia de extranjeros en la liberación de Francia, y que convertía a los franceses en los protagonistas indiscutibles de la lucha que se libraba en Europa contra el nazismo. Pero si la presencia de los republicanos españoles fue ignorada, la de las mujeres ha sido completamente silenciada, convirtiéndose, muy a su pesar, en protagonistas invisibles de una historia de olvido. 

Ha llegado el momento de levantar ese manto de silencio y de recuperar la memoria de todas estas mujeres anónimas que arriesgaron su vida para que el mundo recuperara la libertad. Este es, sin duda, el principal objetivo de esta intervención. Porque como muy bien señaló el escritor francés André Malraux ya en 1975: “Los que han querido confinar a la mujer al simple papel de auxiliar de la Resistencia, se equivocan de guerra”.

De guerra sabían mucho ya las mujeres españolas cuando estalló la Segunda Guerra Mundial. El triunfo del levantamiento franquista en España las había empujado al exilio huyendo de los bombardeos. En las últimas semanas del mes de enero y principios de febrero de 1939, cerca de 500.000 españoles cruzaron los pasos pirenaicos en la más importante emigración forzosa de la historia de España. Niños, ancianos, mujeres, soldados y familias enteras comenzaron entonces un largo peregrinar por medio mundo, aunque los dos lugares más importantes de asentamiento de estos españoles desarraigados serían Francia y México1.

Huyendo de un destino que se presentaba incierto, los refugiados depositaron sus esperanzas en el país vecino, una tradicional tierra de asilo y cuna además de los Derechos del Hombre. Pero las autoridades francesas, nada habían previsto, pese a que la derrota del ejército republicano se hacía cada vez más evidente. Días y noches a la intemperie, muertos de frío y hambre, los exiliados españoles esperaron su turno para cruzar la frontera. Ya en suelo francés, los gendarmes se encargarían de separar a las familias. Los hombres que estaban en condiciones de trabajar fueron conducidos a campos de concentración, mientras que las mujeres, los niños, los enfermos y los ancianos fueron evacuados masivamente a improvisados albergues y centros de acogida en diversos departamentos del interior.

Pese a las manos que les tenderán algunos franceses solidarios con su situación, en general, el recibimiento del pueblo francés será hostil. Además, la prensa conservadora y de extrema derecha se encargará de exaltar aún más los ánimos. “Invasión de refugiados”, “ruinas humanas”, “marea de fugitivos”,  “bestias carnívoras de la Internacional” o “la hez de los bajos fondos y de las cárceles”2, serán algunos de los calificativos que recibirán los republicanos españoles.

Las condiciones de vida durante los primeros meses en los campos de concentración de Argelès, Saint Cyprien y Barcarès serán especialmente duras. Playas desnudas, rodeadas de alambradas sin un lugar donde guarecerse del frío, sin apenas nada que llevarse a la boca, sin medidas de higiene, sin medicamentos, bebiendo agua salobre y haciendo sus necesidades en la playa, de donde procedía el agua que bebían. Con estas condiciones, serán muchos españoles los que mueran en los primeros momentos de su llegada a Francia.

Aunque algunas mujeres vivirán en primera persona esta realidad, serán una minoría. La mayor parte pasará estos primeros meses de exilio en albergues y centros de acogida donde las condiciones de vida no serán, sin embargo, mucho mejores. En escuelas, cuarteles, granjas, cuadras o viejas fábricas dormirán en el suelo o sobre paja, sin agua caliente, sin ropa de abrigo, sin apenas comida con la que alimentar a sus hijos y con la incertidumbre de no saber cuál es la situación de sus familiares encerrados en los campos de concentración.

Muy pronto, las autoridades francesas intentarán deshacerse de unos refugiados que consideran una “gran carga” para su economía y fomentarán las repatriaciones a terceros países, sobre todo, de América Latina y el retorno a España, incluso recurriendo en muchas ocasiones al engaño3.

Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, las mujeres españolas tendrán que continuar su particular lucha por la supervivencia. Una orden de abril de 1940, que decretaba el cierre definitivo de todos los albergues, complicará aún más su situación4. Sometidas a la presión de las autoridades francesas, las mujeres se debatirán entre regresar a España, desde donde llegan noticias de que se ha desatado una brutal represión, reemigrar a terceros países, una posibilidad no siempre al alcance, o iniciar en Francia una vida en la clandestinidad.

Pero no era fácil regularizar la situación y conseguir los papeles necesarios. Además, las mujeres  no eran consideradas un colectivo interesante para la economía nacional. Si no disponían de una familia establecida en el país, sus posibilidades de permanencia eran escasas. Algunas trabajarán en el campo, otras como criadas y las menos en fábricas; pero son muchos los testimonios que nos hablan de la situación de explotación y vejaciones que sufrirán por parte de sus patronos.

Y, pese a todo, las mujeres siempre estarán en primera línea cuando se trate de impedir una injusticia. Fueron mujeres las que primero se rebelaron contra la decisión de las autoridades francesas de trasladar en marzo de 1941 a los brigadistas del campo de Argelès al norte de África. Conocedoras de las duras condiciones de los campos en las posesiones francesas del África septentrional, donde muchos refugiados encontraban finalmente la muerte, tratarán de impedir este traslado. Como recuerda una de las protagonistas, Ana Pujol: “Los hombres vacilaban y no se atrevían, temiendo las consecuencias del levantamiento. Y las mujeres decidimos llevar nosotras la lucha (...) Fue el campo de mujeres el que se levantó, en una protesta tan unánime y violenta, que las propias fuerzas que nos guardaban cogieron miedo. En pocos minutos, la avalancha de mujeres avanzando hacia el reducto donde se intentaba sacar a rastras de sus barracas a los internacionales rompió las alambradas y lo arrolló todo”5.

Pero éste no fue un episodio aislado. Neus Catalá en su estremecedor libro De la Resistencia y la deportación, recoge el testimonio de 50 mujeres españolas que participaron en esta “nueva batalla contra el fascismo internacional”. “Las mujeres españolas -recuerda Neus-, las muchachas de la JSU nos incorporamos de mil y una maneras al combate. No fuimos simples auxiliares, fuimos combatientes. De nuestro sacrificio, de nuestra sangre fría, de nuestra rapidez en detectar el peligro dependía a veces la vida de decenas de guerrilleros”6.

Como la propia Neus Catalá, fueron muchas las mujeres que se incorporaron a las filas de la Resistencia tras la ocupación de Francia por los nazis en mayo de 1940. Como enlaces, en las redes de evasión, transportando correos, municiones, armas o mensajes, dando cobijo a los perseguidos por la Gestapo y la Milicia francesa, confeccionando o distribuyendo prensa clandestina e incluso empuñando armas en batallas tan importantes como la de La Madeleine.

Eran conscientes del peligro, pero sentían que cumplían con su deber. Neus comenta: “Cuando entrábamos en la Resistencia éramos conscientes del peligro. Teníamos un 90 por 100 de posibilidades de caer. Pero caía uno, y sabíamos que diez nos remplazarían (...) Como las demás, cumplí sencillamente con mi deber. Me llamaron y respondí”7.

Para algunas mujeres, su trabajo en la Resistencia se convirtió en el centro de su existencia. Regina Arrieta recuerda: “Al principio éramos pocos los que hacíamos la Resistencia. Fueron años durísimos, pero exaltantes. A mí me pareció que mi vida comenzó el día que pasé a formar parte de la Resistencia para luchar contra el ocupante nazi”8. Otra mujer confirma estas palabras: “Mis compañeros y compañeras militantes españoles nos unimos en seguida a la Resistencia, en Francia, contra los nazis, porque aquella lucha la sentíamos como propia, considerábamos un deber defender la libertad donde fuese, como en España, frente al alemán, porque era nuestro virtual enemigo, los que habían ayudado a Franco a ganar la guerra”9.
Así, muchas mujeres que no habían ejercido actividades políticas ni militares durante la Guerra Civil, encontraron en la Resistencia francesa su oportunidad para poder luchar contra el fascismo10.

Ingrid Strobl en su magnífico libro Partisanas comenta: “Las mujeres tuvieron una aportación decisiva en la lucha contra el fascismo y el nacionalsocialismo. Entrevistas con activistas e investigadores han demostrado que la infraestructura de todo tipo de resistencia fue creada sobre todo por mujeres (...) Pero mientras el luchador activo, al ser detenido, todavía podía intentar defenderse con su arma, la mujer desarmada, con su cesto de la compra lleno de octavillas ilegales estaba totalmente a merced de sus perseguidores”11.

Fueron muchas las mujeres que fueron ejecutadas por su trabajo en la Resistencia, o que padecieron infinidad de torturas al negarse a delatar a un compañero, o que murieron en el infierno de los campos de extermino nazis. Y, sin embargo, para todas estas mujeres no hubo apenas reconocimientos ni menciones de honor. El simple hecho de ser mujer fue motivo suficiente para no ser vistas y para que su importante contribución a la Resistencia fuera ignorada.

Como apunta con gran acierto Antonina Rodrigo en su obra Mujer y exilio: “Ellos intervinieron en la guerra, en el maquis, en la resistencia (...) y pasaron a la historia, se les condecoró, se les dedicaron monumentos. Ellas también hicieron la guerra, estuvieron en el maquis, en la resistencia (...), pero en los libros de historia la mujer siguió ausente, no han recogido sus batallas”12.

Además, a diferencia de sus compañeros, las mujeres tuvieron que compatibilizar su trabajo en la Resistencia con su papel de madres. José Martínez Cobo, dirigente del PSOE en el exilio, asegura: “Las mujeres en la Resistencia han sido utilizadas siempre para transmitir mensajes, mantener lugares seguros y también han tenido el dificilísimo papel de correr todos los riesgos que corría el hombre y al mismo tiempo mantener la familia”13. Regina Arrieta afirma: “En mi casa se hacían reuniones, se confeccionaban octavillas. Tenía que trabajar, criar a mi hijo y hacer la Resistencia”14. Otra refugiada, Jesusa Bermejo, explica cómo hasta la propia policía se marchaba de su casa, punto de reunión de resistentes, al ver a tantos niños: “La policía siguió visitando mi casa, pero se quedaba poco tiempo, al ver el panorama de tanto crío; los cinco de la hermana muerta, la de mi hermana en la cárcel y los míos, todos muertos de hambre y llenos de sarna”15.

También hubo menores de edad entre las resistentes. Josefa Bas empezó a trabajar con el maquis de Dordoña a los 16 años. La misma edad tenía Lina Bosque cuando empezó a realizar labores de enlace. Esta niña-mujer recorría largas distancias a pie o en bicicleta para llevar papeles, cartas o mensajes. “Como era una cría (...), acompañaba a los compañeros y decían que conmigo pasaban más desapercibidos”. Sin embargo, y pese que exponía su vida como los demás, Lina tuvo problemas con algunos de sus compañeros varones. “Una cosa que me hizo mucha gracia fue que pedí el ingreso en el Partido, pero me dijeron que era demasiado joven. Es decir, que para eso me encontraban demasiado joven, y no lo era para hacer todas aquellas cosas que me hacían hacer (en la Resistencia)”16.

A veces, los compañeros varones tampoco veían con buenos ojos la presencia de las mujeres en la guerrilla. Regina Arrieta recuerda su experiencia al llegar al maquis: “Allí fui acogida con toda naturalidad y afecto, menos por un oficial de la Marina española Republicana, que no toleraba la presencia de las mujeres en la guerrilla”17.

Pese a estas reticencias, algunas mujeres ocuparon puestos importantes en el organigrama guerrillero como la nombrada Regina Arrieta, que perteneció a la dirección de la MOI (Mano de Obra Inmigrada) en Toulouse18 o Nati Molina “La Peque” y Carmen (otra mujer sin apellido), que formaban parte del Estado Mayor de la Agrupación de Guerrilleros Españoles y que se encargaban de asegurar la comunicación entre las diferentes unidades. Sin embargo, no se tiene recuerdo de ellas y sus nombres se han esfumado como el de otras muchas en el tiempo19.

Mujeres jóvenes, anónimas, procedentes de las capas populares, que se vieron inmersas en el torbellino de cambios sociales, culturales, económicos y políticos que trajo la República de 1931. Mujeres que se vieron forzadas a un exilio que las condujo a un nuevo frente, el que se libraba en Europa contra el fascismo internacional. 

Su labor como enlaces fue fundamental. Aseguraban las comunicaciones entre los diversos grupos guerrilleros. Recorrían a veces más de 100 kilómetros para transportar un parte o una orden militar, llevar municiones, armas, dinero, cartillas de racionamiento, etc. Como los autobuses eran lugares muy peligrosos y sometidos a constantes inspecciones, la mayoría de las veces recorrían largas distancias a pie o en bicicleta. La labor de enlace requería una gran resistencia moral y física. 

Los enlaces eran los que más se exponían y corrían el peligro de ser torturados en caso de detención. Además, las mujeres enlaces no llevaban armas y, a veces, sólo tenían piedras para defenderse de las pistolas20.

Las mujeres también eran utilizadas para transportar explosivos, que servían para destruir  más tarde vías férreas y postes eléctricos. Luisa Alda recuerda cómo guardaba en el carrito de su niña materiales explosivos que luego se utilizaban para destruir vías de comunicación. Y todo con el único objetivo de escapar de los controles de la Gestapo.

Las refugiadas españolas se encargaban también de mantener puntos de apoyo, refugios seguros donde los “quemados” –personas perseguidas por los nazis o la Milicia francesa- podían esconderse o curarse las heridas antes de regresar al maquis. En estos refugios se diseñaban además planes militares o se guardaban papeles falsos, salvoconductos o instrumentos para la impresión de octavillas o prensa clandestina.

Los sabotajes tampoco estaban reservados a los hombres. Muchas mujeres realizaban sabotajes en las fábricas alemanas donde trabajaban. Soledad Alcón recuerda cómo para la conmemoración del armisticio de la Primera Guerra Mundial, decidieron celebrarlo con una serie de sabotajes en la fábrica. Ella se presentó voluntaria y paró todo el taller21.

La presencia femenina también fue muy importante en las cadenas de evasión, una de las primeras formas de Resistencia contra el ocupante nazi. Muy pronto se crearon redes que ayudaban a personas perseguidas a atravesar por diversos pasos de montaña la frontera pirenaica. Sin duda, una de las redes más importantes y efectivas fue la creada por el anarquista oscense Francisco Ponzán, “François Vidal” en la Resistencia, que formaba parte de la red Pat O’Leary, organizada por los servicios secretos ingleses para sacar del territorio francés a los aviadores británicos que caían en Francia. Pilar Ponzán, hermana del fundador de la red, fue uno de los miembros de esta cadena junto a las también españolas Alfonsina Bueno Ester y Segunda Montero22.

Como se puede apreciar por los testimonios que he expuesto durante mi intervención, la participación de las mujeres españolas en la Resistencia francesa fue amplia y variada. Pero pese a esta multiplicidad de actuaciones, su contribución a la liberación de Francia ha sido completamente obviada durante años. 

En un coloquio que se celebró en París en el año 1996, la vicepresidenta de la Federación de Asociaciones y Centros de Españoles Emigrantes en Francia (FACEEF) y coordinadora del coloquio, Francisca Merchán, se preguntaba por esta cuestión: “¿Por qué hay todavía miedo a decir que las mujeres tomaron parte activa en la guerra y en la Resistencia (...)?23 Hoy, casi nueve años después, la investigación sobre este asunto es todavía muy escasa y sus protagonistas, las mujeres, continúan siendo unas desconocidas, relegadas a la labor de meras auxiliares en una historia protagonizada por los hombres. “Para ellos, los honores; para nosotras, el olvido”, comenta con amargura Regina Arrieta 24.

De este olvido han tratado de rescatarlas otras mujeres. Fundamental, sin duda, para conocer en primera persona el relato de estas resistentes el libro de Neus Catalá, que les da voz a todas ellas. O los testimonios recogidos por otra mujer resistente Tomasa Cuevas, o los trabajos de Giuliana di Febo, Ingrid Strobl, Antonina Rodrigo, María Fernanda Mancebo, Pilar Domínguez, Mary Nash, Alicia Alted...25

Sus compañeros varones, preocupados durante algún tiempo por su propio olvido,  descuidaron la importante labor de sus mujeres, que se convirtieron en las víctimas de un nuevo silencio. El poeta asturiano José María Álvarez Posada, “Celso Amieva”,  escribía una carta a su amigo Eduardo Pons Prades para que incluyera en su libro un poema, que sirviera de homenaje a las mujeres que reconocía “con frecuencia hemos olvidado”. “Sin ellas, bien lo sabes –proseguía-, nosotros, los valientes, los heroicos guerrilleros, nos hubiéramos hundido moralmente más de una vez y, en el plano digamos operacional, pegado más morradas que pelos tenemos en la cabeza. Por eso te envío estos versos dedicados a las muchachas del maquis”. Las primeras líneas de su poema dicen: “Quiero nombrar aquí a las compañeras abnegadas y anónimas, enlaces y escuchas, auxiliares y guerrilleras o heroicas enfermeras, valientes y eficaces”26.

Como sus compañeros varones, sufrieron las penurias de los campos de concentración franceses, los peligros de la vida clandestina y la Resistencia. Fueron detenidas, torturadas, ejecutadas y conducidas al infierno de los campos de exterminio nazis, donde muchas encontrarían la muerte. Y, sin embargo, continúan siendo las grandes desconocidas de una historia que todavía está por escribir.

1.- Un estudio completo de las distintas oleadas migratorias se puede encontrar en J. Rubio, La emigración de la Guerra Civil 1936-1939. Historia del éxodo que se produce con el fin de la II República Española (Editorial San Martín, Madrid 1977).
2.- Titulares de la prensa francesa citados en G. Dreyfus-Armand, El exilio de los republicanos españoles en Francia (Crítica, Barcelona 2000) 48 y 49.
3.- Testimonio de Rosa Laviña, recogido por A. Soriano, Éxodos. Historia oral del exilio republicano en Francia, 1939-1945 (Crítica, Barcelona 1989) 174.
4.- A. Alted, “El exilio republicano español de 1939 desde la perspectiva de las mujeres”: Arenal 2 (1997) 223-238.
5.- S. Secundino, La última gesta. Los republicanos que vencieron a Hitler (1939-1945) (Aguilar, Madrid 2005) 399.
6.- N. Catalá, De la resistencia y la deportación. 50 testimonios de mujeres españolas (Adgena, Barcelona 1984) 16 y 17.
7.- Ibíd.
8.- Íd., 54.
9.- A. Rodrigo, Mujer y exilio 1939 (Flor de Viento, Barcelona 2003) 215.
10.- M. Yusta, Guerrilla y resistencia campesina. La resistencia armada contra el franquismo en Aragón (1939-1952) (Prensas Universitarias, Zaragoza 2003) 83.
11.- I. Strobl, Partisanas. La mujer en la resistencia armada contra el fascismo y la ocupación alemana (1936-1945) (Virus, Barcelona 1996) 29.
12.- A. Rodrigo, op. cit., 21.
13.- J. Martín y P. Carvajal, El exilio español (1936-1978) (Planeta, Barcelona 2002) 171.
14.- N. Catalá, op. cit., 54.
15.- N. Catalá, op. cit., 70.
16.- N. Catalá, op. cit., 76.
17.- N. Catalá, op. cit., 54.
18.- N. Catalá, op. cit., 55.
19.- S. Serrano, op. cit, 407.
20.- N. Catalá, op. cit., 44.
21.- N. Catalá, op. cit., 43.
22.- Sobre la red Pat O’Leary véase A. Téllez, La red de evasión del grupo Ponzán. Anarquistas en la guerra secreta contra el fascismo y el nazismo (Virus, Barcelona 1996) y P. Ponzán, Lucha y muerte por la libertad. Memorias de nueve años de guerra: 1936-1945 (ed. de la autora, Barcelona 1996).
23.- Actas del coloquio organizado por la FACEEF los días 9 y 10 de junio de 1995 en el Instituto Cervantes de París, Memorias del olvido. La contribución de los españoles a la Resistencia y a la liberación de Francia (1939-1945) (FACEEF, París 1996) 161.
24.- N. Catalá, op. cit., 56.
25.- T. Cuevas, Mujeres de la Resistencia (Siroco, Barcelona 1986); Íd., Mujeres de las cárceles franquistas (I, Madrid s. a.; II, Barcelona 1985); G. Di Febo, Resistencia y movimiento de mujeres en España (1936-1976) (Icaria, Barcelona 1979); M. F. Mancebo, “Las mujeres españolas en la Resistencia francesa”: Espacio, Tiempo y Forma(1996) 239-256; M. P. Domínguez, Voces del exilio. Mujeres españolas en México, 1939-1950 (Dirección General de la Mujer, Madrid 1994); M. Nash, Rojas. Las mujeres republicanas en la Guerra Civil (Taurus, Madrid 1999).
26.- E. Pons Prades, Republicanos españoles en la Segunda Guerra Mundial (La Esfera de los Libros, Barcelona 2003) 26